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Ciberbullying, el daño online

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Cada vez son más los casos en los que oímos como, por desgracia, niños y niñas, normalmente adolescentes, no son víctimas de ataques físicos, sino de ciberbullying o “e-bullying”. Es decir, de un tipo de bullying que se lleva a cabo a través de las nuevas tecnologías, sobre todo, mediante las redes sociales. Como todo tipo de acoso, se basa en la realización de conductas que de manera intencionada dañan a una persona. En concreto, este tipo de acoso daña de manera psicológica.

Pero ¿cómo se manifiesta el ciberbullying?

Se puede materializar de varias formas. A continuación, se indican algunos ejemplos:

  • Subir a las redes sociales una imagen, ya sea real o retocada, que podría denigrar a la víctima acosada.
  • Publicar comentarios ofensivos sobre la víctima en foros o blogs que avergüencen a la misma.
  • Suplantar la identidad de la víctima, en redes sociales, publicando en primera persona intimidades personales.
  • Enviar de manera masiva mensajes de burla y desde distintos medios de mensajería instantánea, como chats o SMS.

¿Cuál es uno de los mayores problemas que conlleva el ciberbullying? El anonimato. Es muy difícil identificar el sujeto que se encuentra detrás del mundo cibernético y, en muchas ocasiones poder determinar quién tiene la responsabilidad de una situación de acoso virtual puede llegar a ser frustrante.

No obstante lo anterior, en muchos casos sí se demuestra la identidad del acosador. En este sentido, cabe añadir que si bien es cierto que el acoso virtual supone una serie de delitos que pueden provocar penas  de prisión de varios años, hasta que el acosador cumpla catorce años no se le podrá imputar un cargo penal, por lo que las penas de prisión, cuando se trata de ciberbullying escolar, prácticamente, no se aplican.

Sin embargo, en nuestro sistema legal existe un conjunto de medidas disciplinarias que se ponen en práctica en este tipo de casos.

Así pues, a la pregunta de: ¿quién responde de todos estos acosos? podemos concluir que, en los casos de acoso escolar, si el colegio no actúa con la diligencia debida, podrá responder de manera civil, siempre que el acoso se realice dentro del centro escolar. Es decir, los padres de la víctima tendrán derecho a reclamar una indemnización. Además, si bien la responsabilidad legal es del menor agresor en primer lugar, los responsables legales del menor también la poseen por su culpa in vigilando, es decir, por omitir el deber de vigilancia que les corresponde sobre el menor.

Parece evidente que todavía queda mucho por hacer, especialmente, teniendo en cuenta la rapidez con la que evoluciona la tecnología. Hay, por tanto, que establecer más políticas preventivas que ayuden a fomentar un alto grado de concienciación sobre las implicaciones que estos ciber comportamientos pueden suponer, así como (re)considerar la responsabilidad penal que actualmente tienen los menores.

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¿Tiene límites la libertad de expresión en las Redes Sociales?

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Las Redes Sociales han adquirido un papel muy relevante en nuestras vidas. Millones de personas las utilizan cada día para compartir noticias de actualidad, su vida personal o profesional, sus opiniones o ideas, sin ser plenamente conscientes de las repercusiones que esto puede conllevar.

Cada vez son más frecuentes los asuntos que llegan a los tribunales por la publicación de comentarios en las Redes Sociales. En este sentido, hace unos meses salía a la luz la noticia de que la Fiscalía de la Audiencia Nacional había acusado de cometer un delito de humillación a las víctimas del terrorismo en una estudiante de historia de 21 años por haber hecho bromas en Twitter sobre Carrero Blanco. La Audiencia no sólo la ha condenado a un año de prisión, sino también a siete años de inhabilitación absoluta, lo que le impide renovar la beca que le permite estudiar la carrera de Historia, así como presentarse a unas oposiciones para dedicarse a la docencia. Todo este caso ha despertado un gran debate respecto a la libertad de expresión de los ciudadanos.

Llegados a este punto, debemos reflexionar sobre el alcance del derecho a la libertad de expresión para poder determinar hasta qué punto este derecho ampara nuestras opiniones, manifestaciones e ideas. Resulta indudable que la libertad de expresión es uno de nuestros derechos fundamentales que nos permite expresar y difundir libremente nuestras opiniones a través de cualquier medio de reproducción.

Pero, en realidad, ¿tenemos derecho a expresarnos libremente? Parece lógico que la respuesta debería ser: Por supuesto. Ahora bien, tras las últimas sentencias parece que antes de publicar una opinión deberemos valorar si los tribunales pueden llegar a considerar si colisiones o no con otros derechos como el derecho al honor, intimidad personal y familiar o la propia imagen. Sentado lo anterior, se observa que hacer en ciertos casos comentarios ofensivos, bromas o verter opiniones en las Redes Sociales podría constituir una vulneración del derecho al honor por “divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o familia que afecten a su reputación y buen nombre “.

En conclusión, antes de publicar contenidos en las Redes Sociales debemos ser tener en cuenta que si bien el derecho a la libertad de expresión nos legitima para manifestar con total libertad nuestros pensamientos y opiniones, no nos ampara para efectuar comentarios lesivos o vejatorios sobre los otros. Al menos, eso es lo que se desprende de la reciente jurisprudencia. No obstante, con carácter general no es posible determinar los límites concretos de la libertad de expresión y por lo tanto nada nos debería impedir que seguimos manifestando libremente nuestras ideas, siempre y cuando aplicamos la necesaria prudencia para respetar el otros derechos fundamentales.

 

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